Astor Piazzolla

A 25 años de su muerte, el célebre bandoneonista y compositor, es el último revolucionario del tango, al que nutrió de sonoridades impensadas que siguen influyendo en la música de hoy, mucho más allá del género.

Formado en la música erudita y entrenado en el discurso musical del jazz, Piazzolla impregnó al tango de una estética más rica y compleja, con un estilo singular y poderoso que combinó elementos nuevos con el pulso natural del género. Fue un derrotero árido y, por momentos, errático.

Biografía

Astor Pantaleón Piazzolla (1921- 1992)
Nació el 11 de marzo de 1921 en la ciudad de Mar del Plata; vivió 71 años en los que modeló una obra con alrededor de 1.000 composiciones originales.

A los 8 años, su padre le regaló un bandoneón e inició sus estudios, que tuvieron una etapa esencial en Nueva York (donde su familia se radicó entre 1925 y 1936) bajo las enseñanzas del pianista húngaro Bela Wilda, discípulo de Serguéi Rachmaminov.

La historiografía oficial del tango se complace en destacar su temprano encuentro con Carlos Gardel en Manhattan, en 1934. Fue durante la filmación de la película “El día que me quieras”, donde Piazzolla interpretó a un canillita.

Detrás de escena, el joven Astor le mostró a Gardel su pericia con el bandoneón. “Vas a ser grande, pibe, pero el tango lo tocás como un gallego”, sentenció el cantor.

La biografía novelada de Diana Piazzolla -hija del bandoneonista- completa el diálogo. “Al tango todavía no lo entiendo”, confesaba el joven Astor, y Gardel retrucaba: “Cuando lo entiendas, no lo vas a dejar”.

De vuelta en la Argentina, Piazzolla inició en 1941 una etapa de estudio decisiva: teórica con Alberto Ginastera y práctica con la orquesta de Troilo, en la que fue bandoneonista, primero, y arreglador, después.

A menudo Troilo debía moderar sus composiciones para no espantar a la ortodoxia tanguera y, sobre todo, para aplacar las quejas de sus propios músicos, que necesitaban horas de estudio para llevar al escenario las partituras del bandoneonista.

Tras aquella experiencia, y tras formar su propia orquesta, el marplatense llegaría a París: allí, mientras estudiaba con la prestigiosa pedagoga Nadia Boulanger encontró su estilo personal y se reconcilió con el tango. Volvió a la Argentina en 1955 y formó el Octeto Buenos Aires, que fue motor de innovaciones compositivas y significó la ruptura definitiva con el formato tradicional. La revulsiva experiencia del Octeto continuó apenas hasta 1958, cuando Piazzolla lo disolvió para emprender un viaje a Nueva York. De esa etapa surgió el célebre “Adios Nonino”, escrito a raíz de la muerte de su padre.

De nuevo en Buenos Aires, ya en los ‘60, Piazzolla conformó el Quinteto que fue, acaso, la formación que mejor expresó sus ambiciosas ideas musicales. Más tarde llegaría su unión con Horacio Ferrer y el reconocimiento europeo. En sus últimos años, acaso los de mayor difusión de su música, intensificó su exploración en la música sinfónica. Murió el 4 de julio de 1992 afectado por una trombosis cerebral.