José Gola

El actor platense José Gola fue el primer galán del cine nacional, siendo considerado el “Clark Gable argentino”.

Este reconocido actor nació en una vieja casona de calle 11 en La Plata, el 7 de Febrero de 1904 y murió muy joven.

Con apenas 14 años, consiguió ingresar al elenco del Teatro Coliseo Podestá de La Plata.

Como muchos actores de su época, comenzó de abajo hasta llegar a ser parte de una de las más cotizadas compañías teatrales como la de Enrique Muiño y Elías Alippi.

José Gola se instaló como el referente ideal del actor a partir de 1934. Desde el comienzo, en su carrera teatral y luego en las películas, se perfiló como un intérprete con características nuevas entre los actores de su generación: sobriedad, distinción natural y dominio de sus personajes.

Luego de sus primeras participaciones en el cine mudo, se consagró con Mañana es domingo (José Ferreyra, 1934). Su figura se acrecentó con la intensidad dramática que mostró en La barra mendocina (Mario Soffici, 1935) y en su premiada labor en Puente Alsina (José Ferreyra, 1935). Entre sus trabajos se encuentran el policial Fuera de ley (Manuel Romero, 1937), Mateo (Daniel Tinayre, 1937) y Nace un amor (Luis Saslavsky, 1938). En 1938 también protagonizó La vuelta al nido, la obra maestra de Leopoldo Torres Ríos.

Gola también fue un hombre de las letras. Quiso ser un artista completo del mundo del espectáculo. Escribió obras de teatro, fue poeta eventual, sonetista romántico y hasta firmó algún vals, La canción de la noche, con música de su hermano César Gola.

En 1939, con una carrera en pleno ascenso, falleció víctima de una peritonitis cuando se disponía a intervenir en Prisioneros de la tierra, bajo las órdenes de Soffici.

José Gola tenía 35 años y 16 largometrajes en su haber. Era el galán más rutilante del cine sonoro argentino y había conseguido mejores críticas que cualquier otro actor joven de su generación.

En la edición del 27 de abril de 1939 el diario La Razón registraba “las largas filas de gente humilde que llegaba hasta la capilla ardiente deseosa de verlo por última vez” y “las escenas de honda emoción de un público heterogéneo estacionado ante la Casa del Teatro”. Para terminar señalando que “muere con él el primer galán que le dimos al cine y muere con él  el sueño ingenuo de las muchachas que le pusieron su nombre al corazón…”.

El cine había convertido a un actor popular en una estrella masiva. El astro con su muerte devenía en mito.